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Congregó a 300 jóvenes de todo el mundo

Del 19 al 23 del pasado mes de marzo, el papa Francisco congregó en Roma a 300 jóvenes de todo el mundo para preparar el próximo Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el mes de octubre bajo el título «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Entre los 300 jóvenes aludidos, estaban los dos españoles: Cristina Cons Rodríguez y Javier Medina Sierra. Cristina tiene 23 años y es de nuestra archidiócesis compostelana.
Además de miembro electo del Consejo Diocesano de Pastoral Juvenil por la vicaría de Santiago y de Coordinadora Diocesana de Pastoral Juvenil, es catequista en la parroquia de San Fernando de Santiago. Por su parte, Javier tiene 27 y es de la archidiócesis de Valencia. Desde pequeño ha participado en el Centro Juniors MD Santa Catalina, donde pertenece al equipo de educadores además de trabajar en la Fundación San Vicente Mártir, de Colegios Diocesanos de Valencia.

REUNIÓN PRESINODAL EN ROMA

El encuentro de los 300 jóvenes convocados por el Papa Francisco ha tenido lugar en el Pontificio Colegio Internacional María Mater Ecclesiae. Y Francisco ha estado con ellos toda la mañana del lunes 19 de marzo, fiesta de san José.

«El corazón de la Iglesia es joven porque el Evangelio es una linfa vital que lo regenera continuamente», señaló el Papa en el discurso de apertura de este singular presínodo, preparatorio de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebrará en el Vaticano del 3 al 28 de octubre.

Esta reunión presinodal contribuirá a enriquecer la fase de consulta previa al Sínodo. El resultado de los trabajos de esta reunión presinodal se someterá a los Padres sinodales para que puedan reflexionar y profundizar en los mismos.

PIEDRAS VIVAS DE UNA IGLESIA CON ROSTRO JOVEN

En la parte final del discurso pontificio, dentro de la reunión presinodal, Francisco subrayó la necesidad de reapropiarse del entusiasmo de la fe y del gusto de la búsqueda: «Necesitamos reencontrar en el Señor la fuerza para recuperarnos de los fracasos, avanzar y fortalecer la confianza en el futuro. y tenemos que soñar senderos nuevos; incluso si implican riesgos. Debemos arriesgar, porque el amor sabe arriesgar; sin arriesgar, un joven envejece, y también envejece la Iglesia. Por lo tanto, necesitamos de vosotros, jóvenes, piedras vivas de una Iglesia con rostro joven, pero no maquillado: no rejuvenecido artificialmente, sino reavivado desde dentro ». Y es que los jóvenes han de apremiar a la Iglesia a salir de la lógica del <siempre se ha
hecho así> y situarse, en modo creativo, en la raíz de la auténtica Tradición».