ActualidadOtras noticiasParroquia

Vivir la esperanza cristiana

En la vida de un cristiano son fundamentales tres virtudes que debemos cultivar con esmero: la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Hoy aquí vamos a centrarnos en la esperanza cristiana. La esperanza nos encamina hacia Dios, hacia nuestra unión con Él en la gloria, hacia la bienaventuranza eterna.

En el Evangelio hay unas palabras de Jesús muy expresivas: «En la Casa de mi Padre hay muchas moradas … y yo voy a prepararos un sitio. Volveré y os llevaré conmigo para que donde estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14, 2s).

EL FUNDAMENTO DE LA ESPERANZA CRISTIANA

La gran promesa que Jesús nos hace es la Vida Eterna, que es la meta definitiva hacia la que debe aspirar con esperanza el ser humano.

Nuestra esperanza se fundamenta en las promesas que Dios ha hecho y que Él puede y quiere cumplir, dada su omnipotencia, su infinita misericordia y su fidelidad.

La esperanza cristiana implica una referencia al futuro. Los bienes esperados aun no los poseemos en su plenitud, vamos en camino hacia ellos; pero sin olvidar que, en esta etapa transitoria podemos perderlos si el pecado predomina en nuestras vidas.

Propio también de la esperanza cristiana es saber que los bienes futuros están inicialmente presentes aquí. Sí, Dios ya inició nuestra salvación aquí en la tierra por medio de los sacramentos que Cristo ha encomendado a su Iglesia. Lo cual ya es motivo de mucha alegría. De Dios debemos fiarnos siempre, concretamente de su promesa de salvación universal; pero sin olvidar que en la obra de nuestra salvación somos nosotros, como seres libres, los que podemos fallar, cayendo en la tentación y pecando. La única gran esperanza es la misericordia infinita del Señor.

UN TIEMPO DE CRECIMIENTO Y MADURACIÓN

La esperanza cristiana no niega importancia a nuestra vida aquí en la tierra ni a los bienes de aquí. En ellos hemos de ver el punto de partida en dirección a la vida eterna, que es nuestro destino final. Sí, la vida aquí en la tierra hemos de verla como una etapa de crecimiento ymaduración de cara a la vida eterna.

Por tanto, la etapa de nuestra vida terrena también es importante, muy importante, y por consiguiente debemos cuidarla con esmero siguiendo las normas del divino Maestro. San Pablo en su Carta a los Gálatas nos recuerda que, mientras vivimos aquí, debemos practicar el bien con todos, especialmente con nuestros hermanos en la fe (Gal 6, 10)

Un cristiano, en principio, no rechaza la cultura ni el progreso humano ni los bienes terrenales, pero debe actuar de forma que su adhesión a ellos no ponga en peligro su fidelidad a la Palabra del Señor, que nos dice en el Evangelio: «¿Qué le aprovecha al hombre conquistar todo el mundo si pierde su alma?» (Mt 16, 26).

En fin, vivamos todos con alegría nuestra vida aquí en la tierra pero siempre con la esperanza puesta en la Vida Eterna, en la que nuestro Padre Dios, fuente de la felicidad plena, nos espera.

 

Pobo de Deus Nº 825