ActualidadOtras noticiasParroquia

«Padre, pan, perdón», en la oración del cristiano

Traemos hoy a esta portada de Pobo de Deus el texto resumido de la homilía del papa Francisco en la misa celebrada en el Palexpo de Ginebra el pasado 21 de junio. Padre, pan, perdón, son las tres palabras que centraron el tema de dicha homilía.

UNA INVOCACIÓN FILIAL PADRE —así comienza la oración que Jesús nos enseñó—.

La palabra «Padre» es la llave de acceso al corazón de Dios; porque solo diciendo Padre rezamos en lenguaje cristiano. Rezamos «en cristiano» no a un Dios genérico, sino a un Dios que es sobre todo Papá.

De él procede toda paternidad y maternidad (Ef 3, 15). En él está el origen de todo bien y de nuestra propia vida. «Padre nuestro» es por tanto la fórmula de la vida, la que revela nuestra identidad: somos hijos amados. No nos cansemos de decir «Padre nuestro»: nos recordará que no existe ningún hijo sin padre y que, por tanto, ninguno de nosotros está solo en este mundo. Pero nos recordará también que no hay Padre sin hijos: ninguno de nosotros es hijo único, cada uno debe hacerse cargo de los hermanos de la única familia humana. Diciendo «Padre nuestro» afirmamos que todo ser humano nos pertenece y estamos llamados a actuar como hermanos, como buenos custodios de nuestra familia, y esforzarnos para que no haya indiferencia hacia el hermano, hacia ningún hermano: ni hacia el niño que todavía no ha nacido, ni hacia el anciano que ya no habla …

EL PAN DE CADA DÍA

PAN. Jesús nos dice que pidamos cada día el pan al Padre, es decir, lo esencial para vivir. El pan es sobre todo la comida suficiente para hoy,
para la salud, para el trabajo diario; la comida que por desgracia falta a tantos hermanos y hermanas nuestros. Por eso digo: ¡Ay de quien especula con el pan! El alimento básico para la vida cotidiana de los pueblos debe ser accesible a todos.

Pedir el pan cotidiano es decir también: «Padre, ayúdame a llevar una vida más sencilla». Valorar lo sencillo que tenemos cada día, protegerlo: no usar y tirar, sino valorar y conservar.

Además, el «Pan de cada día», no lo olvidemos, es Jesús. Sin él no podemos hacer nada (Jn 15, 3). Él es el alimento primordial para
vivir bien.

EL PERDÓN DE LAS OFENSAS

PERDÓN. Es difícil perdonar, siempre llevamos dentro un poco de amargura, de resentimiento, y cuando alguien que ya habíamos perdonado nos provoca, el rencor vuelve con intereses. Pero el Señor espera nuestro perdón como un regalo. Nos debe hacer pensar que el único comentario original al Padre nuestro, el que hizo Jesús, se concentre sobre una sola frase: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6, 14-15). Sí, Dios nos libera de todo pecado pero quiere que cada uno de nosotros otorgue una amnistía general «Padre, pan, perdón. Tres palabras a las culpas ajenas

Pobo de Deus Nº 827