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Marcados por el Espíritu de Dios

El apóstol Pablo nos recuerda en su carta a los efesios que todo cristiano ha sido marcado por el Espíritu de Dios en el sacramento del Bautismo; y esto debe notarse a lo largo de toda su vida: en las palabras que salen de su boca, en sus gestos y actitudes ante los demás, en toda su conducta. Debemos tener siempre contento al Espíritu de Dios.

DESTERRAR TODA AMARGURA

Y ahora viene la pregunta: ¿Cómo debemos ser para tener contento al Espíritu de Dios? A esta pregunta responde san Pablo: «Desterrad de vosotros toda amargura». Vivir amargado, dice, no es propio del que ha recibido el Espíritu de Dios. Personas amargadas son personas decepcionadas de la vida, que todo lo ven negro.

Personas incapaces de descubrir algo bueno en los demás, personas con las que resulta muy difícil convivir. El cristiano, nos recuerda san Pablo, nunca debe ser una persona amargada, aunque en su vida abunden más los fracasos que los éxitos. La fe debe ayudarle a superar la tristeza que los fracasos producen y a no convertirse en una persona amargada con la que resulta difícil convivir. Muy mala propaganda hacen de la Iglesia esas personas que, a lo mejor, son muy rezadoras y van a misa con frecuencia pero luego viven amargadas. Por eso san Pablo insiste: «desterrad de vosotros toda amargura». Los santos son personas alegres, felices. De santa Teresa es esta frase: «Un santo triste es un triste santo», es decir, un santo triste de santo tiene muy poco.

«DESTERRAD DE VOSOTROS LA IRA»

Sí, el apóstol invita también a desterrar la ira. La ira, como sabemos, es uno de los llamados pecados capitales. Es un fallo que engendra otros muchos fallos. Ya sabemos que hay temperamentos más propensos que otros a la ira. Sabemos también que momentos aislados de ira los tiene cualquiera. Lo que no debemos ser es personas sistemáticamente airadas. Qué difícil debe ser la convivencia con personas así: personas que no admiten una pequeña broma, personas que reaccionan violentamente ante cualquier reproche o insinuación que se les haga.

Unidos a la ira están los enfados e insultos, que también cita san Pablo. Un cristiano auténtico no debe vivir permanentemente enfadado con nadie y menos ser persona que insulta. Y termina san Pablo: «Sed comprensivos, sed amables y perdonaos unos a otros como Dios nos perdona en Cristo». El Bautismo nos hizo hijos de Dios, y un buen hijo debe imitar todo lo bueno que hay en su padre. Un cristiano debe ser imagen viviente de Dios, que es su Padre. Y Dios es Amor. Y una forma de vivir el amor un cristiano es perdonar de corazón al que le haya ofendido.

Ojalá todos tratemos de ser dóciles al Espíritu del Señor con el que fuimos marcados el día de nuestro Bautismo. El Espíritu del Señor comunica siempre alegría y paz. Que todos seamos transmisores de esta alegría y paz en nuestros hogares, en el puesto de trabajo, en cualquier lugar o momento en que nos relacionemos con nuestro prójimo

 

Publicado en Pobo de Deus Nº 828