ActualidadNoticiasParroquia

El sacramento del perdón y la misericordia divina

El final de un año es buen momento para agradecer a Dios todo lo bueno que ha ocurrido en nuestras vidas y pedir perdón por las infidelidades y pecados que las afearon. Sobre el sacramento del perdón escribe hoy el sacerdote D. J. Mª Máiz Cal.

POR QUÉ CONFESARSE

Porque somos pecadores. Es decir, a veces pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice que no tiene pecado, es un mentiroso o está ciego espiritualmente (I Jn 1, 8). Dios Padre perdona a quienes, olvidando su condición de hijos suyos, después confiesan sus pecados con dolor sincero y confían en su misericordia.

Y, como el pecado de uno daña también al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, el sacramento tiene, además, como efecto la reconciliación con los hermanos.

CÓMO CONFESARSE

No siempre es fácil confesar: no se sabe qué decir, no se cree necesario acudir al sacerdote … Tampoco es fácil confesarse bien. La dificultad mayor suele ser el orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones, cuando se han desviado de los mandatos y consejos del Evangelio. Puede costar rectificar el rumbo de nuestra vida. Necesitamos andar un «camino de auténtica conversión», que supone un aspecto de realizar el bien que nos muestran la vida y el mensaje de Jesucristo. Y otro, que es la liberación del pecado, de lo que nos aparta de la voluntad de Dios, y por eso nos aleja de nuestro verdadero bien, de la felicidad auténtica.

Comenzaremos escuchando la «voz de Dios» y examinando nuestra conciencia, revisando nuestra vida con la «luz divina». Como consecuencia vendrán el dolor y el propósito demejorar. Sigue la invocación a la misericordia divina, manifestada en el perdón (absolución sacramental), después de la confesión de los pecados al sacerdote. Luego, la satisfacción o cumplir la penitencia: Una oración, sacrificio, limosna u otra obra buena que nos señala el confesor, para reparar de algún modo el daño causado por nuestros pecados.

Por último, nos proponemos renovar nuestra vida, ofreciéndola como alabanza y agradecimiento a la bondad de Dios.

QUÉ CONFESA

«El que quiere la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves, tras examinar cuidadosamente su conciencia. La confesión de las faltas veniales (o leves) está recomendada vivamente por la Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1493). El examen de conciencia consiste en preguntarse, en la presencia de Dios y con su luz y su verdad, sobre el mal cometido y el bien omitido respecto a Dios, al prójimo y a uno mismo.

ACTO DE DOLOR, DE AMOR Y DE GRATITUD

Para terminar, le decimos a Jesús, como Pedro: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». O como Tomás: «Señor mío y Dios mío»; o como el leproso del Evangelio: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». ¡Gracias, Dios mío, que me quieres tanto y me perdonas siempre, aún sin merecerlo!

 

Pobo de Deus, número 837