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Miremos a la familia de Nazareth

El pasado 30 de diciembre, entre las fiestas de la Navidad, celebrábamos la de la Sagrada Familia de Nazareth. Una celebración que nos invita a hablar sobre la familia, una institución muy antigua y universal.
EL IMPORTANTE Y DELICADO PAPEL DE LOS PADRES
En la familia todos son importantes: los padres y los hijos. Unos y otros tienen sus cometidos y responsabilidades.
En primer lugar hay que destacar el papel importantísimo y delicado de los padres. De ellos depende que los hijos se realicen como personas y sean felices. Claro que hoy existen otros factores que influyen negativamente en la conducta de los hijos: la calle, las pandillas, el ambiente degradado que se respira en muchos sitios, ciertos programas en los medios de comunicación, etc. Así, muchos padres que han puesto alma, vida y corazón en su tarea educativa,
se han sentido fracasados por estas influencias negativas en la vida de sus hijos.
Ahora bien, este ambiente adverso es precisamente un motivo importante para que los padres vivan intensamente su papel de educadoresprimeros y principales de sus hijos. Junto con los padres está también el colegio y  la Iglesia para ayudarles en esta delicada tarea.
Es importante que los padres se preocupen por el comportamiento de sus hijos en el colegio y se mantengan en contacto con profesores y tutores. Que se preocupen de que obtengan buenas calificaciones en las diferentes asignaturas, pero que se interesen especialmente por los principios morales y religiosos que allí se les
inculcan.
Es también muy importante que los padres pongan a sus hijos en contacto con la parroquia, enviándolos a la catequesis de niños y
adolescentes. Allí aprenderán no sólo los contenidos de la fe sino también a celebrarla comunitariamente.
IMPORTANCIA DEL TESTIMONIO PERSONAL
Es, pues, importante el papel de los padres en la educación de sus hijos; los demás podemos ayudarles pero no suplantarlos. Ahora,
la educación no se realiza sólo a base de buenos consejos o de frecuentes reprensiones.
Educar es, ante todo, transmitir una conducta, un modo de ser honrados, veraces, fieles, trabajadores, generosos… y esto se transmite de verdad tratando de ser así los propios padres y cuantos por vocación estamos llamados a educar.
Pero en la familia también los hijos tienen unos deberes importantes y unas responsabilidades concretas. El esfuerzo y cariño de unos padres debe ser correspondido por sus hijos. Es importante que éstos vayan aprendiendo, según crecen, a pensar menos en la pura diversión y mucho más en estudiar, en
trabajar, en colaborar, en prepararse para el papel de futuros padres y educadores.