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¡NO ESTAMOS SOLOS!

EL BUEN PASTOR

Recientemente dedicábamos esta primera página de Pobo de Deus al tema del perdón de los pecados: es Dios quien nos perdona a través de la Iglesia. Hoy nos referimos al confesor, el sacerdote que, en nombre de Cristo y como representante de la Iglesia, nos absuelve. Él, además de este cometido tan importante, puede ser el guía espiritual del penitente, al que éste acuda habitualmente buscando consejo y orientación en su caminar por la vida.

EL ACOMPAÑANTE ESPIRITUAL

Sí, quien frecuenta la Confesión, puede encontrar en el confesor un cauce adecuado para el acompañamiento espiritual. Puede facilitarle el logro de su realización plena como persona madura y para que alcance la meta de la santidad, a la que estamos llamados todos.

Ese confesor es el que despierta nuestra confianza y a quien abrimos nuestro corazón, para que nos ayude en la vida espiritual. Nos dejaremos guiar por él, teniendo en cuenta sus conocimientos, su experiencia y la gracia de Dios en el desempeño de su misión.

Cambiar a menudo de confesor, nos conduciría a estar estancados, a caer en el conformismo, a ir tirando sin exigirnos; en definitiva, a no tomarnos en serio nuestra lucha por la Santidad. Entonces iremos a merced de nuestro capricho, nos regiremos por “la ley del minimo esfuerzo”. Seremos como “cañas agitadas por el viento”; volubles, sin consistencia, inconstantes.

Es importante la confianza con el sacerdote que nos orienta. Pero no olvidemos que no es infalible y también es pecador como nosotros y tiene defectos: “para que pueda compadecerse de nosotros, porque él igualmente esta rodeado de miserias” (Heb, 5,2).

UN BUEN PASTOR A NUESTRO LADO

Tengamos un maestro espiritual bueno y prudente, con la fe y el espíritu de la Iglesia. Creemos que Dios nos irá conduciendo a través de él.

Como hombre que es -y no Dios, como recordamos antes- nunca va a entendernos perfectamente, porque no es la infinita Sabiduría, ni es la Bondad Suma, sino una criatura limitada e imperfecta.

Pero Dios, en su Providencia y con cuidado amoroso, nos irá llevando, sirviendose de la colaboración de este buen pastor. El Señor nos comprende plenamente, nos acompaña y está siempre a nuestro lado por medio de las orientaciones y los consejos del sacerdote. Busquemos esa ayuda y sigamos, haciéndolas nuestras, sus sugerencias y sus propuestas. Está a nuestro alcance este medio importante y tan necesario para ser y vivir como verdaderos cristianos.

Demos gracias a Dios por no estar solos en nuestro afán de agradarle. Así iremos descubriendo la amable figura de Jesús. Tendremos la “Luz” y la “Fuerza” necesarias para imitarle y seguirle de cerca. Sin ese auxilio, sería fácil descaminarnos y perderíamos de vista la meta de nuestro peregrinar por la tierra.

José Mª Máiz Cal