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Valoremos el Don de la Vida Humana

Jesús, en su vida pública, a la vez que anunciaba su mensaje de salvación para toda la humanidad, se mostraba concretamente como fuerte defensor de la vida humana: en todas sus dimensiones. A Él acudían muchos enfermos a los que devolvía la salud física y espiritual: curaba sus dolencias corporales y perdonaba sus pecados.

GRAN DEFENSOR DE LA VIDA HUMANA

Nosotros que nos llamamos cristianos, discípulos de Cristo, también debemos estar siempre a favor de la vida. Sí, a favor de la vida en un mundo en el que tantos mueren a diario por guerras, homicidios, suicidios o acidentes. Un mundo donde hay tantos que, adheridos a diferentes vicios, trabajan por su propia destrucción física y espiritual.

Los cristianos debemos valorar la vida propia y la ajena. No olvidemos que la vida es un don de Dios, no una propiedad nuestra de la que podamos disponer a nuestro antojo. Nosotros somos simples administradores de un gran valor que Dios a puesto en nuestras manos para que lo administremos según su voluntad. Y nos ha dejado, además, un mandato expreso: “No matarás”, escrito en la Biblia y grabado en la conciencia de cada ser humano.

En el mandato “no matarás” Dios prohibe que nos quitemos la vida física, prohibe el suicidio, el asesinato, la violencia que lleva a la muerte. Pero en el “no matarás” se nos manda, al mismo tiempo, emplear todos los medios normales a nuestro alcance para conservar la vida: cuidar la salud y evitar todo aquello que pueda perjudicarla.

EDUQUEMOS EL CORAZÓN EN EL AMOR Y EL PERDÓN

En el mandamiento “no patarás” el Señor prohibe todo tipo de violencia que pueda llevar a la muerte. Pero cuando hablamos de violencia no pensemos sólo en esa lista negra de asesinatos, atracos, violaciones, actos terroristas que salen en las páginas de los periódicos. Ésa es la violencia externa, que perciben nuestros ojos. Pero esta violencia externa es fruto de otra violencia interna que se asienta en el corazón de cada persona. Son esos sentimientos de odio, de venganza o de simple malquerencia que uno lleva dentro y que luego, si no los vigilamos y controlamos, saltan al exterior en forma de insultos, desprecios o ataques físicos que pueden causar muertes.

Es importante que eduquemos nuestro corazón en el amor y el perdón; y que, en esta dirección, eduquemos también a nuestros hijos, ya desde su tierna infancia.

Pero no olvidemos que estar a favor de la vida no es sólo defender la vida física de una persona. La vida humana, además de su dimensión biológica, tiene una dimensión moral y espiritual. Todo lo que sea ir contra la buena fama y el prestigio moral de una persona, es atentar contra su vida. Y ¡qué poco cuidamos esto muchas veces! ¡Qué pronto se tejen historias falsas y se propagan chismes y cuentos y hasta calumnias que luego no se desmienten oportunamente! Actuar así es también atentar contra la vida de una persona. A ello se refiere también el mandamiento del Señor “no matarás”.