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El Papa, cabeza visible de la Iglesia

El Evangelio (Mt 16, 18-19) nos recuerda que un día Jesús, dirigiendose a Pedro, le dice: “Tú eres Pedro”. Su nombre propio era Simón, y así le conocían todos, pero Jesús le cambia este nombre por el de Pedro que significa piedra, roca firme sobre la que se construye un edifício, recordando así el papel singular que iba a desempeñar en la Iglesia.

“TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS”

Esta expresión de Jesús, dirigida a Pedro, alude al pleno poder que Pedro recibiría de Jesús en la Iglesia. Esta Iglesia de la que hoy formamos parte millones de bautizados y en la que Pedro tiene un sucesor, que es el Romano Pontífice, el Papa.

Cuando se habla por ahí del Papa o de la Iglesiam, sobre todo por personas ajenas a ella, muchas veces se habla en términos meramente políticos, como si la Iglesia fuera eso: una organización meramente política como tantas otras que hay en el mundo. Y se habla del Papa como de un Jefe de Estado o de un político más. Es cierto que el Papa reside en un pequeño territorio, llamado el Estado Vaticano, un territorio independiente de Italia y reconocido internacionalmente como un Estado soberano con el que muchos países de todo el mundo mantienen relaciones diplomáticas. Todo esto es bueno pues al Papa le da una gran libertad para ejercer su papel de suprema autoridad sobre la Iglesia universal.

Ahora bien, el Papa es, ante todo, el Vicario de Cristo en la tierra, el que hace hoy sus veces. Todos los poderes que el Papa tiene en la Iglesia no le vienen dados por el pueblo cristiano. Le vienen directamente de arriba, de la Cabeza de la Iglesia que es el mismo Cristo.

EL ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA

La Iglesia camina por este mundo y aquí tiene que verse con toda clase de personas, creyentes y no creyentes; tiene que verse con los diferentes estados y regímenes políticos; tiene que verse con las diferentes sociedades culturales, etc. Pero la Iglesia como tal no es una organización política ni se rige por leyes puramente humanas. La Iglesia fue fundada por Jesucristo para llevar a todos los hombres el plan de salvación que Dios nos ofrece. Vive sí en este mundo y necesita también medios humanos y materiales para desarrollar su labor; pero no es una organización de tipo político: tiene su origen en Cristo, Dios y Hombre verdadero.

Jesús, al fundar la Iglesia, pensó en un primer grupo de doce hombres, los Apóstoles, que serían como las columnas de esa Iglesia. Hoy los sucesores de los Apóstoles son los obispos. Pero Jesús, entre aquellos doce, eligió a uno como cabeza de todos: éste fue Pedro. A él encomendó el sublime papel de ser principio de unidad en toda la Iglesia y Maestro supremo del Evangelio. Hoy el papel de Pedro lo continúa el Romano Pontífice.