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Dos actitudes muy diferentes hacia Jesús

Un cristiano debe leeer y meditar con frecuencia el Evangelio. Su protagonista es Jesús, Dios y hombre verdadero, que en el Evangelio nos ha dejado su mensaje de salvación y el testimonio de su vida ejemplar. Mirando y escuchando a Jesús, hemos de construir nuestra vida de cristianos. Cerca de Jesús, entre sus muchos oyentes, aparecen dos tipos de personas con actitudes muy diferentes: los publicanos y los fariseos.

DOS ACTITUDES QUE HOY PUEDEN REPETIRSE

Los publicanos no gozaban de buena fama entre la gente por ser los cobradores de impuestos para el Imperio Romano, oficio en el que se supone que no siempre actuaban honestamente. Los publicanos se acercan a Jesús porque habla de amor, de perdón y misericordia; predica un Reino en el que también puede haber un sitio para ellos. Estos escuchan con interés al Señor.

Pero junto a Jesús aparecen también los fariseos y letrados; los que conocen al dedillo la Ley religiosa de Israel. Estos diríamos que no escuchan a Jesús, simplemente lo oyen, y lo oyen con cierto desprecio. Por dentro están llamándole iluso a Jesús, porque habla de que todos somos hermanos y eso no es cierto -piensan ellos- ¿nosotros hermanos de esos ignorantes y pecadores?

Estas dos actitudes se pueden dar también hoy entre nosotros, los cristianos. Pensemos en los que vienen a misa los domingos para celebrar con sencillez su fe; vienen sintiéndose pecadores, imperfectos, pero al mismo tiempo traen una confianza muy grande en el amor y la misericordia de Dios. Estos son los que siempre están dispuestos a ayudar al que lo necesite, a colaborar en cualquier tipo de servicio a los demás. Y hacen todo sin buscar la alabanza y el aplauso de la gente.

Pero también se dan los fariseos. Estos no vienen para escuchar atentamente a Palabra de Dios, vienen simplemente para “cumplir con el precepto”, o vienen para espiar y luego criticar los fallos que han visto en otros, empezando por el sacerdote que celebra. A estos les falta humildad, no se sienten pecadores y hasta mantienen un cierto complejo de superioridad. Y, claro, a los hombres podemos engañar, pero a Dios no.

JESÚS GUSTA DE ACERCARSE A LOS PECADORES

Sí, se sentía a gusto sentado a la mesa con los pecadores, cosa que a los fariseos repugnaba. ¿Por qué se sentía a gusto con ellos? Porque eran umildes, sabían pedir perdón y estaban abiertos a cambiar de vida. Le desagradaba, en cambio, la mentira y la actitud hipócrita de los fariseos.

Y ahora viene la pregunta: ¿en cuál de estos dos grupos de personas estaremos hoy representados nosotros? ¡Ojalá que, después de escuchar a Jesús, cuya palabra se nos anuncia con frecuencia, nos sintamos de verdad pecadores, sepamos pedir perdón y estemos dispuestos a cambiar de conducta, dejando el mal y adhiriéndonos al bien y a la verdad!

Pero hay algo en el Evangelio que Jesús quiere inculcarnos: que Dios nos ama.

Y nos ama a pesar de nuestros pecados y miserias. Dios está representado en ese pastor de la parábola que sale en busca de la oveja perdida y, cuando la encuentra, se alegra mucho y no la castiga; más aún, la devuelve al redil cargándola sobre sus propios hombros. Es la actitud de Dios con el pecador arrepentido.