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VALORES Y REALIZACIÓN PERSONAL

Observamos en la sociedad actual la presencia de valores negativos o antivalores. Son frecuentes estas actitudes equivocadas. Detrás de bastantes conductas se manifiestan determinados antivalores, como son: Acaparar, agresividad, comodidad, descompromiso, egoísmo, mentira, discordias, volubilidad.

Ante esta situación, nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Por qué son malas estas actitudes? ¿porque nos des humanizan y nos disocializan, es decir, nos aíslan, impiden o hacen difícil la convivencia.

Estas actitudes van contra nuestra naturaleza y dignidad humana. Suponen el olvido del plan de Dios para nosotros, que somos seres inteligentes y libres. De esta manera nos alejan del verdadero BIEN y de la VERDAD auténtica.

LOS VERDADEROS VALORES HUMANOS

Estos coinciden con el BIEN, pues, al contrario que los valores negativos, nos humanizan y socializan: maduramos personalmente y vivimos con los demás en paz y concordia. Con el mal estamos descontentos. En cambio, el BIEN hace posible la felicidad propia y ajena.

Podemos mencionar algunos ejemplos de valores positivos: Generosidad, compartir, desprendimiento, solidaridad, mensedumbre, humildad, apertura, escucha, exigencia, fortaleza, compromiso, trabajo, esfuerzo.

La educación está orientada a encarnar en la conducta los auténticos valores. Y para lograrlo hay que cambiar actitudes. Se trata de un cambio de valores cualitativo: adquirir virtudes y superar defectos, eliminando los antivalores, que tanto peso tienen en nuestro mundo. Consiste en “sacar de ti tu mejor tú” (Pedro Salinas).

EVANGELIO Y VALORES

Los auténticos valores humanos están presentes de modo ejemplar y eminente en Jesucrísto. La fe cristiana nos ofrece la imagen de Jesús en cuanto Dios y como verdadero Hombre. Se trata de imitarle, asemejándonos a Él en nuestra vida.

La Iglesia nos muestra y promueve los valores que destacan en la Vida y en el mensaje de Cristo. Señalamos dos líneas de conducta especialmente importantes:

1.- “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15). En estas palabras del Maestro está la clave de nuestro crecimiento humano y de nuestro progreso espiritual. Se trata de luchar para vivir el Evangelio.

2.- El amor debe estar presente en todo y ha de empapar nuestro modo de actuar y nuestras disposiciones. Y, como consecuencia, vendrán la felicidad, el humanizarse, la solidaridad, la convivencia en armonía.

Hemos de “descentrarnos” y “salir” de nosotros mismos. De esta forma, “me realzo y soy feliz, si me relaciono correctamente, de modo adecuado, con el-otro (prójimo), con lo-otro (el mundo creado) y el-absolutamente-Otro (Dios)”.

Hagamos lo posible para caminar en esta dirección: nos jugamos mucho ¡Vale la pena decidirse para embarcarnos en esta preciosa e importante aventura!

José Mª Máiz Cal