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Comienza el Adviento

INTRODUCCIÓN AL CICLO A

 Mateo será el evangelista que nos acompañará en este ciclo A.

El evangelio de Mateo, aunque no fue el primero en escribirse, sin embargo, es el más completo y comentado y el que ha más influido en la teología eclesial.

Resumamos este tiempo litúrgico del Adviento. Preparación de nuestra alma y de nuestra comunidad parroquial y familiar para la venida de Cristo en su triple dimensión. Para conmemorar, sí, la venida histórica de Cristo en Belén y así ganar de nuevo los frutos que el Señor nos trajo hace 21 siglos. Pero también para prepararnos para la segunda venida gloriosa al final de los tiempos. Y sin olvidarnos la otra venida diaria a través de la Eucaristía, de los demás sacramentos y de mis hermanos, especialmente los pobres.

Adviento, pues, tiempo de gracia. Nos ayudarán a vivir este tiempo el profeta Isaías, Juan Bautista, Zacarías, Isabel, José y, sobre todo, María.

Idea principal: Despertaos y caminad… se acerca la luz de nuestra salvación, Cristo.

Síntesis del mensaje: El Adviento es como un gran despertador de Dios que la Iglesia nos pone en nuestra mesilla de noche para quienes están medio adormilados, anestesiados por las mil preocupaciones y ocupaciones de cada día. Con Cristo tendremos la tan anhelada paz que el profeta Isaías profetó y por eso estamos alegres (1ª lectura y salmo). Debemos espabilarnos y estar en vela, pues ya apunta el día del Sol sin ocaso, y tenemos que revestirnos de Cristo (2ª lectura y evangelio).

 Aspectos de esta idea:

En primer lugar, no es fácil despertar de tanto letargo y modorra. El mundo nos invita a sestear en la pereza, en la tibieza o en los gustos y caprichos: preocupaciones en la familia, en el trabajo, las mil tentaciones del mundo. Despertemos y caminemos con los pies del alma (San Agustín) hacia Cristo que nos espera de nuevo en Navidad trayéndonos la salvación (evangelio y 2ª lectura). Es un camino hacia arriba: subamos con dignidad al monte del Señor (1ª lectura). Quien no sube, inevitablemente desciende. ¿Qué me impide subir al monte del Señor: pies atados, corazón apegado, voluntad desmotivada? Hay que estar preparados. Con la casa en orden. Con aceite en las lámparas.

En segundo lugar, una vez que despertemos y caminemos con alegría al encuentro de Cristo, estemos con el corazón vigilante pues en el camino hay ladrones que nos quieren robar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra decencia (evangelio y segunda lectura). ¿Qué ladrones de ordinario me acechan en mi vida cristiana: ladrones internos, ladrones externos? Ahí nos esperan en la vuelta de la esquina: silbidos de sirenas, carruseles de fiestas, orgías en francachelas.

Finalmente, después de hacer la experiencia de Cristo en la oración y en los sacramentos, experimentaremos los frutos de este encuentro con Cristo: estaremos revestidos de Cristo (2ª lectura) y cosecharemos frutos suculentos (1ª y 2ª lectura): seremos hombres de luz, de paz y de moral en nuestra casa, en nuestros ambientes. ¿Qué frutos estoy ofreciendo de mi experiencia de Cristo?