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Respeto y veneración hacia el templo cristiano

El pasado 9 de noviembre la Iglesia celebraba el aniversario de la consagración de la basílica de San Juan de Letrán, en Roma. Esta basílica, desde muy antiguo, es considerada como sede oficial del obispo de Roma, que es el Papa. Al principio este aniversario se celebraba sólo en Roma pero más tarde pasó a celebrarse en todo el mundo, dado que el Papa es cabeza de la Iglesia universal.

En cada diócesis se celebra también el aniversario de la consagración de la catedral. Y finalmente, los templos parroquiales también han sido consagrados, quedando así convertidos en lugares de culto.

EL TEMPLO Y LA CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA FE

Todo cristiano debe amar especialmente el templo parroquial donde se reúne con los demás feligreses para celebrar juntos la fe. En este templo está la plia bautismal en la que un día nacimos como hijos de Dios al recibir el sacramento del Bautismo; allí está la mesa del Altar donde se celebra la Eucaristía y el cristiano se alimenta con el Cuerpo de Cristo; allí está también el confesionario, testigo de tantas confidencias, de tanto arrepentimiento y de tanto perdón impartido.

Pero, atención: puede haber personas que acuden frecuentemente al templo parroquial o a otros templos y están presentes en todos los actos de culto que allí se celebran, y, sin embargo, esas personas no le tributan a Dios el culto que Él quiere.

Sí, en una parroquia puede haber mucha religiosidad y poca fe. El templo se llena de fieles, se reza y se canta mucho, las ceremonias religiosas son muy solemnes; pero todo eso puede quedarse sólo en un sentimiento religioso, no repercute en nuestra vida diaria: en la vida que uno hace en el ámbito familiar, en el puesto de trabajo o en la calle. En estos casos, en nuestra parroquia habría mucha religiosidad pero poca fe.

SER TEMPLOS VIVOS DE DIOS

La fe es un don de Dios a los hombres; y lo importante es que, como personas de fe, nos abramos a la acción de Dios en nosotros y nos dejemos guiar por su Espíritu. Es importante, sin duda, que en una parroquia exista yn templo y una abundante religiosidad pero, más importante es que cada feligrés sea un templo vivo en el que Dios es glorificado a través de una vida honrada y santa. A ello alude san Pablo cuando dice a los cristianos de su tiempo: “¿No sabéis que sois templos de Dios, que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (I Cor. 3, 16). Fue el día de nuestro Bautismo cuando fuimos consagrados como templos de Dios. Fecha que debemos recordar con especial gratitud y que debe iluminar nuestro caminar diario por este mundo.

Se nos dice en el Evangelio que una mujer de Samaría preguntó un día a Jesús: Señor, nosotros los samaritanos damos culto a Dios en el templo de Garizin, en cambio vosotros los judíos le dais culto en Jerusalén ¿en cuál de los dos templos se debe dar culto a Dios? Jesús respondió: “Mira, mujer, dar culto a Dios en un templo o el otro no es lo más importante; lo importante es que todos y cada uno le demos culto en espíritu y verdad”, es decir, con una vida honrada y santa, sintiéndonos templos de Dios.