ActualidadEducaciónNoticiasParroquia

Desde ahora serás ” Pescador de hombres”

Una pregunta qué a veces nos hacemos los creyentes es ésa: ¿Qué debo hacer para ser un buen discípulo de Cristo, un buen cristiano? La respuesta nos la da el mismo Jesús valiéndose de la pesca milagrosa (Lc 5, 4-10) y de las reaciones de Pedro ante este acontecimiento singular.

FIARSE SIEMPRE DE DIOS

Pedro era un pescador con experiencia, conocía bien su oficio. Sabía que la noche era el mejor momento para pescar. Sabía también que, en este caso, no habían pescado nada. Sin embargo ahora Jesús, que no es pescador de oficio, le dice en pleno día que heche la red, y Pedro, fiándose plenamente del Maestro, hecha la red y fue tal la cantidad de peces cogidos que la red se rompía.

He aquí una cualidad del verdadero cristiano: fiarse de Dios, y fiarse siempre; cuando las cosas van bien y cuando no.

Ahora, fiarse de Dios no es cruzarse uno de brazos y dejar que Dios resuelva todos los problemas que la vida nos presenta. Dios nos ha dado la inteligencia, las manos y una serie de cualidades naturales para que nosotros mismos encontremos solucción a muchos de esos problemas. Esto hay que tenerlo muy en cuenta, pero sin olvidar algo fundamental; esa actitud constante de confianza en Dios; fiarnos de su palabra, de sus promesas, de sus mandamientos, de su presencia amorosa en nuestras vidas y en la historia del mundo. Sí, confiar muicho en Dios, en Jesucristo, es una actitud básica que no debe faltar en la vida de un cristiano.

“DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES”

Lo segundo que hizo Pedro, al ver el milagro obrado por Jesús, fue criticarse a si mismo: “Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”.

Al ver esta actitud de Pedro, Jesús le dijo: “No temas, ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 10). Y desde entonces, tanto Pedro y su hermano Andrés como sus compañeros de pesca, Santiago y Juan, dejándolo todo, siguieron a Jesús. La llamada del Señor les convirtió en apóstoles del Evangelio.

Hoy Cristo sigue llamando, entre los cristianos, a algunos para ser sacerdotes, a otros y otras para entregar sus vidas como miembros de comunidades religiosas al servicio de la Iglesia y de la comunidad humana. Son pescadores de hombres porque todos llevan consigo el mensaje salvador del Evangelio. Pero no olvidemos que todo cristiano está llamado, por el sacramento del Bautismo, a difuandir también el Evangelio con su palabra y, sobre todo, con el testimonio de su vida ejemplar. Es la llamada a ser pescadores de hombres (Lc 5, 10).

En fin, hagamos todos un breve examen de conciencia y preguntémonos: ¿vivimos nuestra vocación de cristianos, de discípulos de Cristo, de pescadores de hombres?