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¡Hay que prepararse!

Desde siempre ha sido necesario prepararse para celebrar y vivir el matrimonio, pero en el momento presente esta preparación adquiere una importancia singular y decisiva.

¿Por qué?

Porque la familia, en los tiempos modernos, ha sufrido, quizá como ninguna otra institución, la acometida de amplias, profundas y rápidas transformaciones, cuya expresión más patente es la cultura de la increencia cada vez más mayoritaria e influyente a través de los medios de comunicación social.

Esta cultura trata de quitar a Dios del horizonte de la vida. De este manera, su sentido queda vacío de contenido y deja a cada hombre la decisión de ordenar su vida, dentro de un contexto cerrado a la revelación de Dios, haciendo imposible las respuestas más plenamente satisfactorias a las preguntas decisivas sobre el sentido de la vida. Así lo afirma el recordado Papa Juan Pablo II, en su Visita Apostólica a Huelva en el año 1993:

El alejamiento de Dios y la crisis de los valores morales han provocado un deterioro de la vida familiar que se siente gravemente amenazada por las separaciones y divorcios, la exclusión sistemática de la natalidad con el abominable crimen del aborto y el abandono de tantos ancianos que se sienten privados del calor del hogar y de la necesaria comunión intergeneracional.

Y ante una situación como la descrita, sólo cabe una respuesta: proponer la verdad sobre el matrimonio y la familia. De ahí que éste sea el contenido esencial de la preparación al matrimonio.

¿Cómo prepararse?


Recorriendo un itinerario de fe que conduce a la celebración del matrimonio como signo de la unión de Cristo con la Iglesia, mediante el cual el amor conyugal es vivificado con el mismo amor de Cristo que hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó y les renueva en su interior para vivir en el matrimonio la misma caridad de Cristo.

 

El expediente matrimonial


Una vez realizada la preparación inmediata, se solicitará al párroco la fecha para la realización del expediente que, superando un tono burocrático, deberá orientarse a la manifestación formal de la voluntad decidida de los novios a asumir el matrimonio desde la fe cristiana.

Los futuros contrayentes refrendarán el correspondiente documento de que nada se opone a su matrimonio.

Para cumplimentarlo, los contrayentes serán acompañados por dos testigos, mayores de edad, no familiares, con sus respectivos DNI, que avalarán con su firma que nada se opone a la celebración de dicho matrimonio.

Los contrayentes presentarán los siguientes documentos:

Partida de bautismo (legalizada en caso de que el matrimonio se celebre en una Diócesis que no sea la suya).

Partida de nacimiento, expedida por el juzgado o registro civil.

Presentación del DNI o Pasaporte.

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