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Pobo de Deus

SE ACERCA LA NAVIDAD

Un año más, se acerca la Navidad; una celebración muy importante en el calendario cristiano. Una celebración marcada por la alegría, sobre todo para el creyente que vive su fe. Una expresión de esta alegría es el típico saludo de este día entre cristianos: ¡Felíz Navidad! Pero, ¿hay realmente un motivo especial para vivir así esta fiesta? Sin duda que lo hay. Porque decir NAVIDAD es decir que Dios nos ama de modo singular y, por ello se ha hecho hombre, ha nacido de una madre humana y ha venido a compartir con nosotros las alegrías y penas de esta vida.

 REPASEMOS UN POCO SU VIDA EN LA TIERRA

Un corazón cristiano en la Navidad debe rebosar de alegría, al ver que Dios -sin mérito alguno por nuestra parte- ha querido integrarse en la naturaleza humana; sin renunciar a su condición divina, y ha querido compartir con nosotros las alegrías y penas, los éxitos y fracasos de nuestra vida sobre la tierra, menos el pecado.

A veces nos quejamos de muchas cosas: la pobreza o la enfermedad que uno padece, la mala suerte que, a veces, nos acompaña, la falta de amigos que nos comprendan, nos visiten y vivan siempre interesados por nosotros... Pues, en estas diversas situaciones, miremos al Niño que nace en Belén: No nació en un palacio sino en una gruta pobre donde los pastores recogían sus ganados. Mas tarde, hasta los treinta años, vivió una vida humilde y oscura en Nazaret, ayudando a su padre adoptivo San José en el oficio de carpintero de aldea.

En los tres últimos años de su vida en la tierra, se dedicó a difundir el Mensaje salvador por toda Palestina, siendo admirado por el pueblo sencillo que le seguía con entusiasmo. Sí, el pueblo sencillo lo escuchaba con gran atención; pero no así el sector influyente y rico, al que molestaba su doctrina santa, sus críticas a la hipocresía de ciertos sectores sociales y al atractivo que ejercía sobre las multitudes populares. Por ello decidieron denunciarlo y que fuera condenado a una muerte atroz: clavado de pies y manos en una cruz.

LA GRAN FIESTA DE LA LUZ

Dios, como decíamos antes, ha venido en la persona de Jesús a compartir nuestra vida sobre la tierra, en el gran acontecimiento que nos recuerda la Navidad. Por eso, siguiendo su palabra y su testimonio personal, hemos de vivir con gran ilusión nuestra existencia cotidiana, pese a los contratiempos que en ella nos acompañen. Dios es nuestro compañero en el viaje de esta vida.

Por este tiempo de Navidad nuestras calles se iluminan y en muchos hogares vemos árboles cubiertos de luces que nos recuerdan las palabras de Jesús: <<Yo soy la luz del mundo>>. Ahora, Jesús en el Evangelio con estas expresiones y el testimonio de su vida nos pide que seamos también nosotros luz para que, viendo nuestras buenas obras, todos glorifiquen al Señor. Y seremos de verdad luz si nos esforzamos por vivir este doble mandamiento del Señor: <<Amarás a Dios y amarás a tu prójimo>>.

Animémonos todos a vivir estas fiestas entrañables de la Navidad con auténtico espíritu evangélico. Que no sea el derroche ni el lujo lo que predomine en nuestras familias sino la sencillez y el amor. ¡Feliz Navidad!

Ahora, en el Adviento, además de la venida histórica de Cristo, que nace en Belén, la liturgia de la Iglesia nos recuerda otra venida de Cristo al final de los tiempos como juez de vivos y muertos.

El Adviento nos invita a llenar de esperanza nuestro corazón y nuestra vida. Esperanza en Dios que nos ha prometido un Salvador y ha cumplido plenamente su palabra. Esperanza en que a este mundo, en el que ahora estamos, donde todavía abundan los vicios e injusticias, ha de suceder otro nuevo en el que triunfe la virtud sobre el vicio. Nos lo ha prometido el Señor: tengamos esperanza.

REAVIVIAR LA ESPERANZA

Todos queremos un mundo más humano, más honrado, más justo, más alegre; pero este mundo lo tenemos que ir construyendo nosotros mismos tratando de ser cada uno, día a día, más humano, más honrado, más justo, más alegre.

Jesús, que ya vino en carne mortal a la tierra y se hizo compañero nuestro, nos trajo la salvación: él nos enseñó cómo se ama, cómo se perdonan las ofensas, cómo se construye la paz. Él nos enseñó a llamar Padre a Dios y a vivir como hermanos unos de los otros. En una palabra: Jesús nos enseñó caminos que llevan a la salvación, caminos que conducen a la felicidad plena. Ahora, lo importante es que nosotros nos decidamos a recorres estos caminos evangélicos.

El Adviento es un tiempo para reavivar en nosotros la esperanza en una salvación que Dios nos ha traído por medio de su Hijo Jesús. Un tiempo para despertar y tomar en serio nuestra condición de cristianos. No olvidemos que ser cristiano no es vivir en la rutina; ser cristiano significa ser discípulo de Cristo, seguidor de Cristo, nuestro Maestro.

Ojalá que en este tiempo litúrgico nos decidamos a hacerle caso al Señor que nos dice a cada uno lo que un día dijo a sus apóstoles: "Ven y sígueme".

 

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