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Pobo de Deus

EDUCAR PARA LA CONVIVENCIA

Los seres humanos somos por naturaleza seres sociales, hechos para vivir en compañía los unos de los otros, llamados a convivir. Sin embargo la experiencia nos habla de frecuentes enfrentamientos a todos los niveles: personas enfrentadas, familias enfrentadas, pueblos y naciones enfrentados. Enfrentamientos que,  en muchos casos han llevado y llevan a guerras armadas con multitud de víctimas mortales.

Por otra parte, la violencia que percibimos a través de ciertos programas de los poderosos medios de comunicación que hoy tenemos; así como el lenguaje grosero e insultante que, a veces, se escucha en la calle, son muestras de la pérdida de valores ético-morales, tan necesarios para una convivencia en paz y feliz.

LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA EDUCACIÓN

Por eso urge educar para la convivencia a los niños y jóvenes de hoy. Una educación que, sin olvidar la escuela y la calle, debe realizarse especialmente en el seno de la familia. Una educación que implica el cultivo de valores éticos tan básicos e importantes como la veracidad, la fidelidad, la tolerancia y el diálogo. Valores que deben inculcarse con la palabra, pero sobre todo con el testimonio.

Si en nuestras relaciones mutuas acudimos con frecuencia a la mentira, al engaño o a la trampa y marginamos la verdad, estamos contribuyendo a crear una sociedad de personas recelosas, desconfiadas, incapaces de auténtica amistad. Esas personas podrán coexistir pero nunca convivir. De ahí que la veracidad sea un valor fundamental, entre otros, para la convivencia humana.

MÁS VALORES QUE PODEMOS CULTIVAR

Muy relacionada con la veracidad está la fidelidad, otro valor moral que en determinados sectores de nuestra sociedad parece carecer de estima y aprecio. Una convivencia humana seria y estable, exige que seamos fieles cada uno a la propia vocación y a la palabra dada; fieles al amigo y fieles a las exigencias del cargo o profesión que uno desempeña.

Otro valor importante es, sin duda, la tolerancia, es decir, el saber respetar a todos aunque sus creencias religiosas, sus ideas políticas o sus convicciones sociales no coincidan con las de uno. Lo contrario es algo que hoy hiere la paz social en determinados lugares del mundo.

Finalmente, la tolerancia facilita otro valor muy necesario para una grata convivencia: el diálogo. Los conflictos o discrepancias entre seres humanos no deben afrontarse a base de insultos o violencia física, estilo selvático, sino acudiendo a algo tan civilizado como es un diálogo sereno y respetuoso.

Educar para la convivencia a los niños adolescentes de hoy ¡qué estupenda tarea de cara al porvenir de nuestro mundo!

 

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