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Tercer Domingo de Cuaresma

El decálogo: camino de encuentro con Dios y con los hombres.

Toda sociedad necesita leyes, códigos y reglamentos. También las religiones tienen sus grandes principios y normas. El A.T. nos ofrece el Decálogo, diez palabras que encauzan nuestras relaciones con Dios y con los hombres. Los mandamientos de Dios, el decálogo, son palabras que hoy nos suenan a impositivas y alienantes, trasnochadas; prohibiciones exigentes que nos vienen de fuera y de arriba. Son revelación de lo mejor que hay en el hombre, manifiestan un camino de mínimos que ayudan al hombre a realizarse como persona y como ser social. Los diez mandamientos pueden reducirse a dos: creer en Dios y no hacer daño a los demás, o amar a Dios y al prójimo. Sabemos que en el A.T. se fueron complicando y concretando hasta llegar a extremos ridículos e insoportables. Basta con ver el Levítico. Los judíos tenían que cumplir 613 normas. Jesús se compadece de esa situación. Estáis aplastados por el peso de la ley. Yo quiero quitaros ese peso. Yo os ofrezco libertad. Venid a mí, que soy manso y humilde de corazón, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera