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Solemnidad de la Inmaculada Concepción

La Palabra de Dios nos presenta hoy una alternativa. En la primera lectura está el hombre que en los orígenes dice no a Dios, y en el Evangelio está María que en la Anunciación dice sí a Dios. En ambas lecturas es Dios quien busca al hombre. En el primer caso se dirige a Adón, después del pecado, y le pregunta ¿Donde estás?, y el responde “me escondí”. En el segundo caso se dirige a María, sin pecado, que le responde: “He aquí la esclava del Señor”. Heme aquí es lo opuesto de “me escondí”. El heme aquí abre a Dios, mientras el pecado cierra, aisla, hace que permanezca solo consigo mismo. Heme aquí es estar disponible para el Señor, es la cura para el egoísmo, el antídoto de una vida insatisfecha, a la que siempre le falta algo. Heme aquí es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes dentro. Heme aquí es creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por eso decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle. María vence esta primera tentación con su heme aquí. Hoy miramos la belleza de la Virgen, concebida, nacida y crecida sin pecado, siempre dócil y transparente a Dios. (Papa Francisco).